El invento no puede ser más sencillo: una botella de plástico llena de agua y un poco de lejía se introduce en un agujero practicado en el techo de la vivienda, introduciendo la luz solar de forma económica y sostenible y facilitando la vida a sus moradores. El agua es para mejorar la refracción de la luz y su distribución por la habitación y la lejía para que permanezca clara y limpia durante más tiempo. El agujero en el techo se sella con silicona para evitar la entrada de agua. Es una tecnología de fácil difusión y hecha con materiales reciclados, económicos y de fácil acceso.
Mediante este sencillo y genial artilugio las familias que no disponen de electricidad tienen acceso a una fuente de luz gratuita durante el día. Las que sí tienen conexión eléctrica consiguen bajar la factura de la luz hasta en un 40 %. El invento supone, en resumen, una gran mejora en sus condiciones de vida, de forma económica y sostenible.
Tendemos a pensar que el diseño es cosa de clases altas, de gente snob y adinerada. Sin embargo, el diseño tiene un potencial de cambiar la vida de las personas ilimitado. Sólo hay que dirigirlo de manera adecuada. El buen diseño es como esta bombilla solar, sencillo, económico y práctico. Cada vez que veo a los cocineros-estrella que acaparan cada vez más minutos y pagínas en los medios de descomunicación con su diseño culinario de altos vuelos que sólo sirve para llenar sus egos y los de sus clientes, pienso en estos otros genios anónimos, desconocidos, que emplean su tiempo y sus recursos en mejorar las vidas de miles de personas. Esto sí que es haute-design.
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