lunes, 30 de enero de 2012

Bocadillos: cómo envolverlos sin dañar el medio ambiente

El otro día me comentaba un amigo que su mujer, en un arrebato de ecologismo activo, ha cambiado el papel albal por un envoltorio más sostenible cuando hace los bocadillos a su hijo. Y no sé si por casualidad o por mor del destino, ayer, una amiga, mientras disfrutábamos de un reconfortante almuerzo en la cumbre de la provincia de Sevilla (El Terril, 1.128 m), me preguntó por el tiempo en que tarda en descomponerse el ya citado papel de aluminio. Así que me he dicho: Dani, esto es una entrada para tu blog. Y aquí está.

Hace tiempo que intento no usar papel de aluminio para envolver los bocadillos. Siempre me ha parecido un material muy dañino para el medio ambiente y me ha dado mucho palo usarlo para algo tan puntual como envolver un bocadillo. Pero comencemos por el principio. ¿Cuánto tarda en descomponerse el papel de aluminio? Aunque las cifras varían, puede tardar en descomponerse entre 350 y 400 años. Además, el aluminio necesita grandes cantidades de energía para su fabricación, durante la que se emiten gases muy contaminantes. No parece, pues, un material muy adecuado para un uso tan efímero. 


¿No merecen algo más decente nuestros queridos bocatas? Yo creo que sí, así que voy a intentar echaros una mano. En un principio nos pueden venir dos alternativas al papel de aluminio: el plástico y el papel. Tal y como se aprecia en el cuadro de arriba, extraído de la Guía de Compra Responsable (Asociación General de Consumidores), ambos materiales son más respetuosos con el medio ambiente que el dichoso papel de aluminio, así que parecería lógico y recomendable usarlos en su lugar.

Pero podemos ir más allá, en nuestro glorioso camino hacia la sostenibilidad. ¿Por qué no recuperar la clásica fiambrera o algo similar? Existen en el mercado productos lavables y eternamente reutilizables especialmente diseñados para alojar esos maravillosos bocadillos que siguen preparando algunas madres (mamá, a ver si me preparas uno de esos de tortilla que tanto me gustan). Primero podemos citar las fundas para bocadillo de Lékué. Están hechas de silicona, un material flexible, resistente, antiadherente y de fácil limpieza.

 
En segundo lugar recomendamos el Boc´n Roll, un envoltorio de algodón y poliéster, con una cara interior de plástico ecológico que se adapta al bocadillo en cuestión, sea de paté o de chorizo, y que es perfectamente lavable en la lavadora.


Por último, y no por ello peor, tenemos Ecotó, una servilleta de tela y plástico que se enrolla sobre el afortunado sandwich o bocata, evitándonos así el dañino y efímero uso del desgraciadamente tradicional papel de plata.
Como habéis podido leer, podemos disfrutar de ese maravilloso invento que es el bocadillo de una forma más respetuosa con el medio ambiente, ahorrándonos, además, unos eurillos, lo cual no está nada mal, en los tiempos que vivimos. 


viernes, 27 de enero de 2012

Pequeña guía del ecologista urbano


En un entorno tan en apariencia poco natural como son las ciudades puede parecer muy difícil o prácticamente imposible llevar una vida respetuosa con el medio ambiente. Sin embargo, esto no sólo no es así, sino que no requiere que el interesado se convierta en un héroe adalid de la causa ecológica. Más bien se trata de conseguir cambiar algunas costumbres en nuestro día a día que nos lleven por la senda del desarrollo sostenible. Al final todo suma, que es lo importante.


Las claves para una vida más ecológica en la ciudad

En lo que a un ciudadano de a pie respecta, puede actuar sobre los siguientes aspectos de su vida cotidiana si quiere llevar una vida más respetuosa con el medio ambiente: el transporte, los productos de consumo, los residuos y la energía. El reto es bien sencillo: reducir las emisiones de CO2 producidas, las materias primas consumidas, los residuos generados y la energía utilizada derivados de las acciones efectuadas por cualquier persona en su vida diaria.


El transporte: cómo reducir las emisiones de CO2

Los vehículos a motor queman siempre algún tipo de combustible para poder moverse, proceso en el cual emiten, entre otros gases nocivos, dióxido de carbono. Los híbridos son más limpios, pero siguen siendo contaminantes, mientras que los eléctricos, además de ser todavía caros y tener poca autonomía, no son ecológicos si la energía utilizada para generar la electricidad consumida no lo es.

Dicen que la mejor energía es la que no se consume, así que las medidas a tomar pasarán por reducir al mínimo el uso del vehículo privado, utilizando el transporte público, haciendo piernas con la bici en los desplazamientos cortos o, incluso, andando. Existen otras posibilidades como el carpooling, que fomenta el uso compartido de los vehículos privados o el carsharing, que permite el alquiler de coches por horas, con todo incluido y disponibilidad inmediata, aunque, por ahora, no están disponibles en todas las ciudades.

Si no queda más remedio que usar el vehículo privado, existen muchos hábitos en la conducción que se pueden cambiar para reducir el consumo de combustible: evitar velocidades superiores a los 120 km/h, llevar un buen mantenimiento del vehículo, huir de los acelerones…


Los productos de consumo

Los productos de consumo incluyen todos aquellos adquiridos para ser consumidos y utilizados en el hogar, comprendiendo alimentos, ropa, mobiliario… En este aspecto, el abanico de opciones es muy amplio, pero implicará la elección de los productos minimizando el impacto que su fabricación y transporte han tenido sobre el medio ambiente. Esto es fundamental, dado que los vendedores y distribuidores no tienen más remedio que plegarse a los gustos de la gente, que tiene un poder de influencia absoluto sobre ellos.

En cuanto a los alimentos, bastará con elegir, en la medida de lo posible, productos locales y de temporada, lo que evitará grandes desplazamientos y el uso de pesticidas y abonos que contaminan los suelos.

Para el resto de los productos se vigilará que sus procesos de fabricación hayan sido lo menos contaminantes posible y que las materias primas utilizadas se hayan obtenido de forma sostenible.

En ambos casos, existen tiendas ecológicas especializadas, ya sean de ropa, de alimentación, de materiales de oficina, o de todo tipo de productos que operan en internet y también en algunas ciudades en las que es fácil informarse sobre este asunto. Además, las grandes superficies están empezando a ofrecer productos ecológicos en algunos de sus establecimientos.


Los residuos: reducirlos al mínimo y reciclarlos

Los residuos se están convirtiendo en un gran problema en nuestras ciudades, ya que cada vez se generan más. En este sentido, lo mejor será recurrir a la regla de las tres erres: reducir, reutilizar, reciclar.

Una primera medida será, pues, reducir los residuos a la mínima expresión, evitando los envases pequeños e individuales y los materiales no reutilizables, no reciclables o no biodegradables. Siempre será preferible comprar a granel llevando el recipiente que comprar los productos ya envueltos, como se hacía antiguamente. El vidrio será preferible al metal de las latas, pues es más fácilmente reciclable. Habrá que elegir los embalajes de papel o cartón frente a los de plástico.

La segunda opción será reutilizar. Los envases de vidrio se pueden usar para almacenar el aceite usado, las conservas, las legumbres… Los tetra-bricks se pueden reutilizar como envases para guardar alimentos o congelarlos.

¿Qué hacer con lo que no es reutilizable? En este caso habrá que reciclar, pero sabiendo lo que se hace. Por ejemplo, el papel o el cartón que tienen restos de comida no son reciclables. Las tapas metálicas de los envases de vidrio deben ir al contenedor amarillo. Los residuos peligrosos (pilas, aceite, pinturas…) deberán ir a los puntos limpios habilitados por los ayuntamientos.


La energía: la mejor es la que no se consume

En cuanto a la energía, la medida principal será reducir el consumo al mínimo posible, usando la calefacción y la climatización de forma racional, mejorando el aislamiento de los edificios, utilizando combustibles menos contaminantes, colocando bombillas de bajo consumo, comprando electrodomésticos eficientes.


Como se ha visto, llevar una vida más ecológica y sostenible en la ciudad no implica unos gastos extraordinarios ni la conversión al fundamentalismo ecologista más radical, sino que pasa por realizar pequeños cambios en nuestros hábitos diarios que, si son aplicados por la mayoría de los ciudadanos, pueden reducir de forma importante su impacto en el medio ambiente.

martes, 24 de enero de 2012

Cortacésped ecológico

Ya hacía tiempo que conocía el asunto, pero el otro día, leyendo mi querida National Geographic, volví a acordarme. La revista del rectángulo amarillo hablaba de la existencia de rebaños de ovejas que, por un módico precio, mantienen perfectamente enrasado y mantenido el césped, la grama o similar de cualquier parque, jardín o patio de instituciones públicas, empresas o particulares. También están los rebaños de cabras, más eclécticas en sus gustos, por lo que se utilizan, más bien, para la eliminación de malas hierbas, incluyendo las plantas invasivas, así como del exceso de vegetación que es susceptible de provocar incendios en algunos de nuestros bosques. A esto último lo llaman "targeted grazing", que podría traducirse como "pasto selectivo". 

Foto de David McNew, Getty Images
De acuerdo con el artículo de la National Geographic (enero de 2012, versión en inglés), esta práctica es muy popular en países como los Estados Unidos, Canadá o Australia. Y también en Europa. Nosotros, como es habitual, no nos atrevemos a estas innovaciones, y preferimos seguir con las más fiables, ruidosas y contaminantes máquinas cortacésped. 

Es curioso cómo los países anglosajones son más abiertos a la novedad. No les importa si algo es aparentemente excéntrico o ridículo. Si sirve y es efectivo, lo aplican, sin meterse en nada más. En España nos importan más las apariencias, el decoro, por lo menos de cara a la galería. Así que, hasta donde yo sé, esta forma de mantenimiento de jardines no ha llegado aún a nuestro país, aunque he encontrado algún artículo sobre un gallego que se está introduciendo en este campo.
 
Lo bueno de estas prácticas es que son totalmente respetuosas con el medio ambiente: no usan combustibles de ningún tipo, no contaminan, no hacen ruído alguno. Además, acceden a lugares inaccesibles para las máquinas. Por unos 200 $ al día se puede alquilar un rebaño de cien cabras. Google, Yahoo o el Ayuntamiento de San Francisco, usan habitualmente este tipo de servicios. Es raro. Parece una excentricidad. Pero funciona. ¿Por qué no usarlo? 

martes, 17 de enero de 2012

Cocinar con el lavavajillas

El pasado 24 de diciembre me encontré con un artículo en el diario El País que me dejó estupefacto. Se titulaba "¡¿Cocinar con el lavavajillas?!" (leer artículo completo). En el artículo hablaban de una cocinera, y también bloguera, italiana que investiga nuevas formas de cocinar, más ecológicas y sostenibles. Se llama Lisa Casali, y es, además de cocinera, máster en Ciencias Naturales.  



Lisa comenzó por preguntarse qué podía hacer con todos los desechos que generaba al cocinar, cómo aprovecharlos sin tener que arrojarlos a la basura. A mí me surge esta duda continuamente: ¿qué hacer con las hojas, los tallos, las raíces de las verduras? ¿se podrían aprovechar las pieles de las naranjas, limones, manzanas...? Mi madre siempre me cuenta que en su pueblo, cuando comían habas, no tiraban las vainas, sino que las freían en aceite, quedando riquísimas. Y si no, pues por lo menos se las daban a los animales del corral.

Hoy en día, los urbanitas, para bien o para mal, no tenemos animales que coman estos manjares, así que nos vemos obligados a desecharlos. Más bien tenemos unos seres peludos casi de diseño que sólo comen piensos especialmente fabricados para ellos. En algún momento de mi existencia alguien decidió que a un perro o a un gato no se le podía alimentar simplemente con las sobras, sino que necesitaba un producto de más calidad (y precio) para su delicado estómago.

La propuesta de Lisa es muy interesante, porque en su blog (www.ecocucina.org) no sólo propone recetas para aprovechar los desperdicios de la cocina, sino que se preocupa también por reducir la energía empleada para cocinar nuestros alimentos. En un alarde, en mi humilde opinión, de auténtica y fresca genialidad, propone aprovechar el calor del lavavajillas para cocinar carne, pescado o verduras. Para ello usa recipientes herméticos que evitan que se contaminen los alimentos. 

Lo que más me gusta de esta idea es que demuestra que hay otra forma de hacer las cosas, otras maneras de resolver los problemas a los que nos enfrentamos hoy en día. Y no sólo estoy hablando de medio ambiente, sino de economía, política, urbanismo, justicia... Seguimos empleando recetas de siglos pasados a una sociedad que ha cambiado muchísimo y que nos lleva la delantera, quizás en varias décadas. Echadle un vistazo a la web de Lisa. Como aperitivo, aquí os dejo un vídeo con una receta suya. Os servirá de inspiración, os lo aseguro. 


miércoles, 11 de enero de 2012

Mermelada de naranja 3R

Parece que ser que la regla de las 3R nació en Japón allá por el año 2.002 para intentar reducir el volumen de residuos de sus ciudadanos, de gran impacto en un país de un tamaño tan reducido. La regla de las tres erres incluye tres estrategias que debemos tener en cuenta en nuestra vida diaria para minimizar el impacto de nuestros residuos: reducir, reutilizar y reciclar. Y, además, en ese orden.


Por reducir se entiende que debemos disminuir el consumo de bienes y energía. La energía más ecológica es la que no se consume, está claro. Lo mismo pasa con los bienes de consumo: mientras menos utilicemos, menor será el impacto de los residuos que generemos. Un ejemplo podría ser la elección de los productos que compramos en función de su embalaje, escogiendo aquéllos que usen menos materiales en su empaquetado, evitando los envases pequeños. También podemos optar por escoger materiales de menor impacto, como por ejemplo, el vidrio, que es más fácilmente reciclable que el metal o el plástico.


Reutilizar es un concepto igualmente sencillo y fácilmente aplicable: supone dar una segunda vida a un bien que ya hemos usado. Una bolsa de plástico que pasa a ser bolsa de basura. Un folio impreso por una cara que usamos también por la otra. Un tarro de vidrio vacío que usamos para hacer conservas...

Por último, y no menos importante, reciclar. Esta estrategia está muy de moda y en boca de todos, así que no entraré en más detalles, confío en vuestra sapiencia.


Todas las mañanas me levanto bien temprano para hacer zumo de naranja para mi Lola y para un servidor. En total, seis naranjas seis, como dirían los taurinos. Siempre había tirado, con no poca pena, la naranja sobrante. Y siempre me había preguntado si no se podría hacer algo con ella. Como tengo ese gran aparato que es la Thermomix y alguna vez he hecho mermelada, se me ocurrió el otro día que podía intentar hacerla con los restos de los zumos, así que me he tirado una semana recogiendo la pulpa de la naranja con una cucharita y mucho cariño y la he ido metiendo en un bote de vidrio. Hoy, por fin, me he lanzado y le he añadido el azúcar, el limón y la zanahoria y me ha salido una mermelada riquísima. 


Supongo que os parecerá un pequeño gesto que no sirve para mucho, pero imaginad qué pasaría si todos lo hiciéramos, cuántos residuos dejaríamos de enviar al basurero. No lo vemos, pero para vivir de una forma más sostenible debemos llenar nuestro día a día de estos pequeños gestos, educarnos en esta forma de funcionar. Yo lo estoy intentando y, os lo aseguro, es más divertido y reconfortante que tirarlo todo a la basura. Y no sabéis lo rica que está la mermelada de naranja 3R. Por si os animáis, aquí tenéis la receta para un bote de unos 440 grs.


Mermelada de naranja 3R
 Receta para Thermomix

Restos de naranja (en una semana, unos 250 grs)
La misma cantidad de azúcar
Un limón pelado sin pepitas
Una zanahoria pequeña

Introducir todos los ingredientes y triturar durante 15 segundos en velocidad 6
Luego poner 30 minutos, temperatura 100 ºC y velocidad 1.
¡Y a disfrutar!