Las cocinas solares,
en contra de lo que mucha gente podría pensar, no son simples
excentricidades de ecologistas radicales, sino que suponen una
oportunidad para mejorar las vidas de millones de personas que viven
bajo el umbral de la pobreza y que, para cocinar, utilizan leña u otros
combustibles contaminantes que acarrean la deforestación de su entorno y
la aparición de enfermedades pulmonares que reducen su esperanza de
vida.
Un poco de historia de las cocinas solares
Se sabe que hace 2.000 años, en la antigua Judea, los esenios ya
cocinaban hostias de cereales silvestres en rocas calentadas por el sol.
También los griegos, los romanos y los chinos experimentaron con lo que
llamaban el “espejo ustorio”,
utilizando espejos curvos para concentrar los rayos solares de manera
que conseguían que cualquier objeto entrara en combustión. La primera
persona que construyó un artefacto para cocinar con el sol fue el
naturalista suizo Horace de Saussure,
que en torno a 1767 cocinaba frutas en un horno solar que alcanzaba
temperaturas de 90 ºC, por lo que es considerado como el abuelo de la
cocina solar.
A finales del siglo XIX se sabe de algunos intentos en India y China,
pero es a partir de los años 50 del siglo XX cuando se produce el
nacimiento de las cocinas solares actuales, a raíz del espíritu
pacifista y ecologista surgido tras las dos guerras mundiales, que
inspiró un movimiento que buscaba un futuro estable y pacífico. De
hecho, fue la ONU la que comenzó a promover investigaciones en el ámbito
de las cocinas solares para paliar la deforestación provocada en el
tercer mundo por el uso de combustibles vegetales para la elaboración de
alimentos.
Tras unas décadas en las que la cocina solar había caído casi en el
olvido, se está produciendo en la actualidad un renacimiento en el
interés por ella, provocado por una combinación de sensibilidad
ciudadana por el cambio climático y de la crisis energética que parece asomar a la vuelta de la esquina de éste recién estrenado siglo XXI.
Tipos de cocinas solares y su funcionamiento
Existen, principalmente, dos tipos de cocinas solares: el horno solar y el concentrador solar.
El horno solar basa su funcionamiento, principalmente, en el efecto
invernadero, mientras que el concentrador solar utiliza una superficie
cóncava y reflectante para concentrar los rayos solares en un punto
llamado foco donde se pueden conseguir altas temperaturas.
El horno solar, como ya se ha dicho, aprovecha el efecto invernadero
para aumentar la temperatura en su interior. Básicamente consiste en una
caja con una tapa de vidrio que deja entrar los rayos solares, que
calientan los materiales del interior. Esta energía calorífica tiene
mayor longitud de onda que la luz visible, y no puede salir a través del
vidrio, quedando atrapada en el interior del horno.
Además, para aprovechar y aumentar el efecto invernadero,
se usan diversas estrategias. Para evitar que, por conducción o
convección, el calor salga al exterior del horno se debe aislar muy bien
la caja y crear un compartimento lo más estanco posible. Para
introducir la mayor cantidad de luz visible posible se pueden usar
reflectores. El uso de materiales metálicos, tanto en los recipientes
como en el fondo del horno, aprovechará el calor irradiado por ellos,
que no puede escapar a través del vidrio. Otra estrategia muy efectiva
es pintar de color negro todo el interior del horno, para absorber toda
la radiación existente.
El concentrador solar utiliza una tecnología completamente distinta,
aprovechando las características de las superficies parabólicas, que
reflejan todos los rayos que llegan paralelos al eje de la parábola en
un punto llamado foco, donde pueden llegar a producirse temperaturas muy
altas (hasta 175 ºC).
Ventajas e inconvenientes de cada sistema
La principal diferencia entre los hornos y los concentradores solares
está en el tiempo que se tarda en alcanzar las temperaturas más altas,
mayor en el caso de los primeros. Esto hace que el tiempo de cocinado
sea de aproximadamente el doble en los hornos solares que en los
concentradores. Sin embargo, esto no tiene por qué ser un inconveniente,
dado que a partir de 100 ºC se pueden destruir las vitaminas y
proteínas de los alimentos. De hecho, en los hornos solares la cocción
es más uniforme y no hay que estar pendientes mientras se cocina, dado
que los alimentos no se pueden quemar.
Por otro lado, en los concentradores se puede freír, ya que se puede
evacuar rápidamente el vapor de agua que sale de los alimentos, mientras
que en los hornos esto no sería posible, al ser un compartimento
estanco.
Cocinas solares en el mundo
Los hornos solares se pueden elaborar con materiales presentes en
cualquier parte del mundo (cartón, madera, vidrio, metal) y son una
tecnología muy fácil de transferir a personas sin educación. Esto hace
que existan programas de introducción de estas cocinas en muchas partes
del mundo llevados a cabo por diversas ONG (p.e., Solar Cookers International).
Estos hornos no solo impiden la deforestación del entorno, sino que
hacen posible la pasteurización, y con ello la potabilización del agua,
con los beneficios sanitarios que conlleva.
Por su parte, los concentradores parabólicos se están usando con
mucho éxito en instalaciones grandes, como por ejemplo la existente en Abu Road, India, de 3,5 kW de potencia y capaz de preparar 40.000 platos al día.
Recetas
Se pueden cocinar todo tipo de platos: pastas, arroces, panes,
bizcochos, pizzas, patatas asadas, huevos duros… Además, en el caso de
los hornos, es posible preparar varios alimentos a la vez en diversos
recipientes sin tener que preocuparse de que se quemen. Existen multitud
de sitios en Internet y libros en las librerías con suculentas recetas para este tipo de cocinas. Que aproveche.