Pero nunca le había dado más importancia, hasta que el otro día ví el documental de la BBC "A farm for the future". En él, su autora, Rebecca Hosking reflexiona sobre el modo en que producimos nuestros alimentos actualmente y cómo deberá evolucionar para sobrevivir a la desaparición de los combustibles fósiles. Rebecca es una realizadora de documentales de naturaleza que se plantea volver a la granja que sus padres tienen en la comarca de Devon, Inglaterra, para continuar con el negocio familiar.
Pero su proyecto no es continuar con la forma de trabajar de sus padres, totalmente convencional y muy dependiente de los combustibles fósiles, sino que se plantea dar un giro total hacia una producción sostenible y respetuosa con el medio ambiente.
La elección de Rebecca no es caprichosa ni parte de una militancia ecologista: ella sabe que la agricultura y la ganadería se encuentran en una encrucijada sin precedentes. Hasta ahora, la producción agrícola y ganadera ha podido alimentar a la creciente población del planeta gracias a los avances en tecnología y genética y a la existencia de los combustibles fósiles, que hasta ahora han sido abundantes y económicos. Pero esto ya no es así, el petróleo es cada día más caro y difícil de extraer, los avances tecnológicos en agricultura han empobrecido la tierra hasta dejarla prácticamente estéril y el abuso en el uso de especies modificadas genéticamente y de los monocultivos ha hecho a éstos mucho más vulnerables a plagas y cambios climáticos.
Una de las posibles soluciones a este problema puede estar en la permacultura, una teoría ecológica que persigue el diseño de asentamientos humanos basados en la naturaleza. ¿Cómo se traduce esto en la agricultura y la ganadería? Pues es muy sencillo, la permacultura, inspirándose en la naturaleza, propone la producción de alimentos creando verdaderos ecosistemas que funcionan como un ciclo cerrado, reutilizando los residuos como fertilizantes. Las granjas que visita Rebeca en el documental parecen más bosques que explotaciones agrícolas y ganaderas, presentando un aparente caos. Pero si te acercas, puedes ver que están llenas de vida. Hay prados donde pastan las vacas en los que, en vez de una sola especie de hierba, hay más de una docena, lo que los hace más resistentes a las pisadas de los animales y a las inclemencias meteorológicas, con lo que pueden ser usados durante todo el año, sin que haga falta mantenerlos con maquinaria pesada.
La permacultura podría contribuir, decisivamente, a la producción de alimentos en un mundo sin combustibles fósiles. Como dice uno de los entrevistados, experto en petróleo, la cuestión no es cuándo se agotarán los yacimientos, sino cómo vamos a vivir en un mundo sin combustibles fósiles. Y esto está a la vuelta de la esquina, y no es moco de pavo. Mientras tanto, nuestros gobernantes se dedican a intentar salvar a los mercados. Y, que yo sepa, los euros no sirven para quitar el hambre.
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